lunes, 13 de junio de 2016
domingo, 29 de mayo de 2016
Sin tapujos (I): Perder el miedo a enseñar nuestro cuerpo
Después de ver el estupendo vídeo de SumiBunny en el que reflexiona sobre la autoestima y las fotos en ropa interior (el cuál os dejo por aquí), he decidido escribir mi propia opinión sobre este tema, aunque ya os adelanto que coincido con Sumi en casi todos los puntos.
Me resulta triste pensar en la cantidad de veces que nos negamos a quitarnos la ropa porque tenemos miedo de que nos juzguen. O cuando escucho a alguien decir que no va a la playa porque se avergüenza de los kilos que “le sobran”, el vello corporal que cubre su piel, porque es muy pálido…. Que se niega a llevar unos pantalones cortos porque dejan al descubierto una pequeña marca de nacimiento. O una chica que se siente insegura por el vello facial que cubre sus mejillas. O la persona que simplemente esconde su cuerpo debajo de la ropa porque no lo considera suficientemente “bueno”, “perfecto”, y pierde por ello una tarde de playa con sus amigos o un momento de intimidad con su pareja.
Por un lado tenemos las presiones sociales que empujan a las chicas hacer dietas restrictivas que van en detrimento de su salud, a arrancarse los pelos del cuerpo a tirones de cera, y a vestir de determinada manera, de forma que no las llamen putas, pero que se considere suficientemente provocativo para no ser consideradas unas monjas.
Por otro lado tenemos también las presiones que empujan a los chicos a matarse en el gimnasio para conseguir músculos, a vestir con la elegancia de un modelo de revista y mantener siempre una actitud arrogante para demostrar su masculinidad, porque claro, no hay nada peor que un chico que no se comporta de la manera que un hombre debería comportarse. O una mujer que se muestra independiente y fuerte.
En los extremos encontramos a chicas que no se ponen un crop-top porque hay hombres que consideran que eso les da derecho a tener actitudes lascivas hacia ellas, chicos que les gustaría no tener un pelo en el cuerpo pero que no se los quitan por miedo a que los llamen esto o aquello, o gente que sube fotos a las redes sociales sin camiseta y se les critica porque “no tienen un cuerpo para enseñar”
Y en el medio de todo esto estamos nosotros. Las personas que vivimos en esta sociedad. Es fácil a la vez que ingenuo pensar que no nos afectan estas presiones sociales. Que somos inmunes a lo que dicen los demás. Porque si nos paramos en pensar en ellos detenidamente... ¿cuántas veces no nos hemos comprado una prenda que nos gustaba porque la consideramos "poco apropiada" o quizás "demasiado llamativa"? ¿O hemos sentido vergüenza al enseñar nuestro cuerpo en la piscina o en la playa porque todo el mundo parece tener cuerpo de gimnasio y tu sientes cada onza de grasa de tu cuerpo como un defecto horrible, una deformación monstruosa? ¿Como podemos evitar sentir todo esto cuándo recibimos todo el día estímulos que parecen gritar "No vales suficiente"?
Quítate la ropa.
No estoy diciendo que cojas el móvil y subas un selfie en ropa interior a Instagram (No está mal hacerlo, pero hacerlo sin pensar en las consecuencias tampoco es lo más recomendable.) Observa tu cuerpo delante de un espejo y fíjate en todo: la simetría de tus extremidades, las marcas de tu piel, la forma característica de tu figura... Intenta que tu visión transcienda mas allá de el concepto de belleza actual (el cuál, por cierto, es deformado y retorcido) y observate sin juicios. Y haciendo cosas como esta es, a mi parecer, como se forman las personas del último grupo.
Personas que no tienen miedo de lo que las demás piensen de su cuerpo, que se muestran sin miedo y se visten como quieren. Están en este grupo las chicas a las que no les importan que las llamen "gordas" o "tanques" por la calle porque están seguras que lo que opina ese idiota del coche no tiene importancia. O las que deciden que no tiene sentido seguir depilándose porque lo consideran una tontería. O los chicos que aprenden a abrirse y a decir lo que sienten porque no les importa que expresar sentimientos "no sea masculino". Las mejores personas en esta vida son aquellas que se sienten libres.
Somos una unión de mente, cuerpo y alma. Y todo funciona mejor cuándo cada parte se siente en conexión con las otras.
lunes, 25 de abril de 2016
'Baby I don't need dollar bills to have fun tonight' (01/04/2016)
Un poco tarde ya, quizás, os escribo para contaros como fue el fin de semana de orientación en Santiago (aproximadamente veinte días más tarde). Lo primero que tengo que decir es que el hotel era increíble, las habitaciones superespaciosas y en general todo tenía una estética muy bonita.
Los que somos de Lugo llegamos los últimos, cuándo ya todo el mundo se estaba preparando para las fotos. Nos dieron unas tarjetas y una camiseta (solo quedaba la talla S, lloro) y nos mandaron corriendo a las habitaciones para que nos las pusiéramos y dejáramos las maletas. Por si alguien lo duda, lo primero que te piden no es el nombre, sino el móvil. Prohibidísmo, vamos.
Después de las fotos, tuvimos una primera charla separados por destinos, en la que nos hablaron de muchos aspectos generales, y luego fuimos a cada uno a un salón con nuestro grupo, en el cuál había gente tanto de Canadá como de USA.
En general, el fin de semana estuvo muy bien. Resolvieron todas nuestras dudas, conocí a mucha gente y me lo pasé genial. Los monitores y coordinadores eran todos la hostia.
Primer fin de semana que duermo fuera de casa sin mis padres. En mi vida. Just for the record.
viernes, 25 de marzo de 2016
'When our momma sang us to sleep but now we're stressed out' (-25/03/2016)
He cambiado mucho en tres meses. De verdad, he hecho cosas que jamás había pensado y he llegado a lugares que nunca pensé que iba a pisar. El problema es que siempre que pienso que me conozco, siempre que pienso “este soy yo”, vuelvo a cambiar, y me vuelvo a perder.
Esta vez fue una persona la que descolocó las cosas. Pero podía haber sido yo sólo. Podía haber sido cualquier otro tipo de cambio. El problema es que aparto a la gente que no quiero de mi vida, pero luego vuelven y los dejo entrar de nuevo. Y me pierdo.
Una semana pienso que lo tengo todo controlado. Hago deporte, como muy sano, estoy feliz y nada ni nadie parece molestarme. Y a la siguiente no duermo, no me apetece levantarme del sofá y me doy atracones de comida basura. Y lo peor es que la mayoría de las veces los demás no son el problema. No, no. Lo peor es que muchas de las veces ni siquiera existe el problema.
Hace cuatro días ocurrió algo que me ha hecho pensar bastante. Resulta que para irme me tengo que vacunar básicamente de TODO. El caso es que ese día no me encontraba muy bien, estaba más nervioso de lo habitual. Nunca le he tenido miedo a las agujas, pero aquel día si lo tuve (aún no sé por qué). Cuándo acabaron de vacunarme y yo ya me disponía a marcharme, noté que algo iba muy mal. Empecé a sentir un hormigueo en los brazos y el corazón se me aceleró tanto que pensé que iba se me iba a parar. La enfermera me preguntó alarmada si iba todo bien, y yo dije que estaba un poco mareado. Y cinco segundos después se me nubló la vista y caí al suelo.
Recuerdo de esos momentos la angustia, el miedo y las ganas de llorar. Recuerdo pensar “No quiero morirme”. Recuerdo arrepentirme de todas las veces que me quejé de algo o que me permití estar triste, porque en ese momento, en ese momento pensé que me iba a morir de verdad. Pensé por un momento que todo había tenido sentido y yo no lo había encontrado.
Recobré en la consciencia en la camilla. Mi padre evitó que cayese y me golpease la cabeza contra el suelo (gracias papá por evitarme una brecha), y con ayuda de un enfermero me habían colocado allí. Los oídos me pitaban de manera infernal y yo estaba llorando porque aun pensaba que iba a morir. Luego me tranquilicé y supe que todo iba a quedarse en un susto.
Más tarde me explicaron que lo que me había pasado se llama reflejo vagal. Básicamente mi sistema vagal había reducido demasiado el ritmo de mi corazón y había perdido la consciencia. Lo preocupante del asunto (al menos para mí, pues nadie le dio demasiado importancia.) es que es provocado por una fuerte emoción. Teniendo en cuenta que me han vuelto a vacunar desde aquellas y sin ningún problema no sé de dónde vino aquel día la emoción fuerte. Solo sé que me llevé el susto de mi vida en aquella habitación de hospital. Solo sé que últimamente tengo demasiados días tristes.
Esta vez fue una persona la que descolocó las cosas. Pero podía haber sido yo sólo. Podía haber sido cualquier otro tipo de cambio. El problema es que aparto a la gente que no quiero de mi vida, pero luego vuelven y los dejo entrar de nuevo. Y me pierdo.
Una semana pienso que lo tengo todo controlado. Hago deporte, como muy sano, estoy feliz y nada ni nadie parece molestarme. Y a la siguiente no duermo, no me apetece levantarme del sofá y me doy atracones de comida basura. Y lo peor es que la mayoría de las veces los demás no son el problema. No, no. Lo peor es que muchas de las veces ni siquiera existe el problema.
Hace cuatro días ocurrió algo que me ha hecho pensar bastante. Resulta que para irme me tengo que vacunar básicamente de TODO. El caso es que ese día no me encontraba muy bien, estaba más nervioso de lo habitual. Nunca le he tenido miedo a las agujas, pero aquel día si lo tuve (aún no sé por qué). Cuándo acabaron de vacunarme y yo ya me disponía a marcharme, noté que algo iba muy mal. Empecé a sentir un hormigueo en los brazos y el corazón se me aceleró tanto que pensé que iba se me iba a parar. La enfermera me preguntó alarmada si iba todo bien, y yo dije que estaba un poco mareado. Y cinco segundos después se me nubló la vista y caí al suelo.
Recuerdo de esos momentos la angustia, el miedo y las ganas de llorar. Recuerdo pensar “No quiero morirme”. Recuerdo arrepentirme de todas las veces que me quejé de algo o que me permití estar triste, porque en ese momento, en ese momento pensé que me iba a morir de verdad. Pensé por un momento que todo había tenido sentido y yo no lo había encontrado.
Recobré en la consciencia en la camilla. Mi padre evitó que cayese y me golpease la cabeza contra el suelo (gracias papá por evitarme una brecha), y con ayuda de un enfermero me habían colocado allí. Los oídos me pitaban de manera infernal y yo estaba llorando porque aun pensaba que iba a morir. Luego me tranquilicé y supe que todo iba a quedarse en un susto.
Más tarde me explicaron que lo que me había pasado se llama reflejo vagal. Básicamente mi sistema vagal había reducido demasiado el ritmo de mi corazón y había perdido la consciencia. Lo preocupante del asunto (al menos para mí, pues nadie le dio demasiado importancia.) es que es provocado por una fuerte emoción. Teniendo en cuenta que me han vuelto a vacunar desde aquellas y sin ningún problema no sé de dónde vino aquel día la emoción fuerte. Solo sé que me llevé el susto de mi vida en aquella habitación de hospital. Solo sé que últimamente tengo demasiados días tristes.
domingo, 28 de febrero de 2016
‘We cry tears of mascara in the bathroom; honey life’s just a classroom (-28/02/2016)
Algunos vais a pensar que estoy loco por escribir tanto cuándo aún me faltan unos cinco meses para irme, pero bueno, aquí me tenéis, aporreando el teclado en un vano intento por aclarar las dudas que me asolan ahora mismo cabeza, alma y corazón. Hoy vengo a hablaros de lo que pocos becados cuentan. No los culpo, de hecho me parece genial que se centren en lo positivo, pero yo, pesimista de nacimiento quiero ofrecer la otra cara de la moneda. A nadie le gusta hablar del miedo.
Diablos, a mi no me gusta hablar del miedo.
Sin embargo, está ahí. Se esconde en cada correo, en cada paso hacia la cima. En cada formulario, en cada espejo. En cada respiración. Siempre está ahí, mezclado con la ilusión, la alegría, la tristeza o el sabor amargo del que sabe que se va y no volverá a su tierra por un tiempo.
Los primeros días después de saber que me habían dado la beca me sentía como en una nube. "Por fin", pensaba mientras miraba a la vida directamente a los ojos, de frente, como pocos veces hago "Por fin tienes algo que ofrecerme". Y la alegría y la ilusión por el sueño americano crecían en el pecho como pocas veces crecen las buenas emociones. Sin embargo sabía bien que después de la tormenta de emociones no vendría precisamente la calma.
Se lo dices a tus padres, y ves en su cara una sonrisa y en sus ojos un mar de tristeza.
Se lo cuentas a tus amigos, y recibes abrazos y sonrisas con sabor a despedida. ¿O sólo te lo parece a ti?
Y por último te lo cuentas a ti mismo, y de repente parece que estás muy agusto. Todo lo que te molestaba de tu instituto ahora parece no importarte y las perspectivas de diez meses fuera se tornan un matiz de colores grises, de sombra y de luz y caes. Caes porque de repente tienes miedo: el futuro, tu futuro, en tus manos, y nadie a quien culpar.
A mi mejor amiga: que diez meses sin ti son demasiados no hace falta que me lo cuente nadie, que ya lo siento demasiado dentro de mí como para saber que es verdad. América puede tener muchas cosas, sí, pero las mejores persones de mi vida se quedan en España, tú entre ellas, y yo me queda un poquito huérfano de alma. Sabes como yo que si pudiese llevar a alguien en la maleta, sería a ti, idiota.
A mis padres: tampoco a vosotros hace falta que os diga lo que dolerán los kilómetros de distancia. Pero sabéis bien que si llegué hasta aquí es gracias a vosotros. Gracias por hacerme independiente y por todos los viajes que hicieron que le cogiera el gusto a eso de ver mundo. Sobran las palabras.
A mis amigos: ya lo sé, demasiados meses, y a estas alturas de la entrada, demasiado sentimental como para articular oraciones con sentido sin exceso de carga emocional. Sólo digo que los que me importáis vais a estar ahí, kilómetros o no de por medio, y la ausencia no pesará más que la fecha de regreso.
Y por último, pero no menos importante:
A mí: juntos acordamos hace ya bastante tiempo que el autosabotaje no era el método más eficaz para dominar el mundo, así que sigamos por etse camino y no por el de una vida llena de dramas, que para problemas ya me llegan los daños colaterales de seguir vivo y no necesitamos buscarlos nosotros. Van a ser diez meses duros pero la experiencia perfila igual que los golpes y las caídas.
Creo que es hora de cortar ya el torrente de emociones, más que nada porque se hace muy tarde y no es cosa de seguir favoreciendo mis ya no tan incipientes ojeras.
Nos leemos.
Diablos, a mi no me gusta hablar del miedo.
Sin embargo, está ahí. Se esconde en cada correo, en cada paso hacia la cima. En cada formulario, en cada espejo. En cada respiración. Siempre está ahí, mezclado con la ilusión, la alegría, la tristeza o el sabor amargo del que sabe que se va y no volverá a su tierra por un tiempo.
Los primeros días después de saber que me habían dado la beca me sentía como en una nube. "Por fin", pensaba mientras miraba a la vida directamente a los ojos, de frente, como pocos veces hago "Por fin tienes algo que ofrecerme". Y la alegría y la ilusión por el sueño americano crecían en el pecho como pocas veces crecen las buenas emociones. Sin embargo sabía bien que después de la tormenta de emociones no vendría precisamente la calma.
Se lo dices a tus padres, y ves en su cara una sonrisa y en sus ojos un mar de tristeza.
Se lo cuentas a tus amigos, y recibes abrazos y sonrisas con sabor a despedida. ¿O sólo te lo parece a ti?
Y por último te lo cuentas a ti mismo, y de repente parece que estás muy agusto. Todo lo que te molestaba de tu instituto ahora parece no importarte y las perspectivas de diez meses fuera se tornan un matiz de colores grises, de sombra y de luz y caes. Caes porque de repente tienes miedo: el futuro, tu futuro, en tus manos, y nadie a quien culpar.
A mi mejor amiga: que diez meses sin ti son demasiados no hace falta que me lo cuente nadie, que ya lo siento demasiado dentro de mí como para saber que es verdad. América puede tener muchas cosas, sí, pero las mejores persones de mi vida se quedan en España, tú entre ellas, y yo me queda un poquito huérfano de alma. Sabes como yo que si pudiese llevar a alguien en la maleta, sería a ti, idiota.
A mis padres: tampoco a vosotros hace falta que os diga lo que dolerán los kilómetros de distancia. Pero sabéis bien que si llegué hasta aquí es gracias a vosotros. Gracias por hacerme independiente y por todos los viajes que hicieron que le cogiera el gusto a eso de ver mundo. Sobran las palabras.
A mis amigos: ya lo sé, demasiados meses, y a estas alturas de la entrada, demasiado sentimental como para articular oraciones con sentido sin exceso de carga emocional. Sólo digo que los que me importáis vais a estar ahí, kilómetros o no de por medio, y la ausencia no pesará más que la fecha de regreso.
Y por último, pero no menos importante:
A mí: juntos acordamos hace ya bastante tiempo que el autosabotaje no era el método más eficaz para dominar el mundo, así que sigamos por etse camino y no por el de una vida llena de dramas, que para problemas ya me llegan los daños colaterales de seguir vivo y no necesitamos buscarlos nosotros. Van a ser diez meses duros pero la experiencia perfila igual que los golpes y las caídas.
Creo que es hora de cortar ya el torrente de emociones, más que nada porque se hace muy tarde y no es cosa de seguir favoreciendo mis ya no tan incipientes ojeras.
Nos leemos.
domingo, 21 de febrero de 2016
'Welcome to New York (it's been waiting for you)' (-21/02/2016)
No sé si ya os lo había contado, pero bueno, lo haré de nuevo por si acaso: voy a estar en Nueva York.
Sí, todos los becados que viajamos con la compañía FSL estaremos allí durante tres días haciendo una convivencia. Esto ocurrirá en agosto, justo antes de repartirnos a todos a nuestros respectivos estados. Y yo no puedo tener más ganas de embarcarme en ese avión.
En esta lista recojo los cinco lugares que más ganas tengo de visitar:
1. Empire State Building
Podríamos considerarlo el símbolo universal de la ciudad de Nueva York. Mide 442,3m y tiene la friolera de 102 pisos de altura. Ahora mismo es el edifico más alto de Manhattan. Me encantaría subir a la parte de arriba y ver la ciudad desde ahí.
2. Times Square Garden
Otro lugar de visita obligada es la intersección entre la Avenido Broadway y la Séptima Avenida (en la cuál por cierto hay un Zara del Tito Amancio). Por la noche es un espectáculo de carteles y luces de neón, y por el día una de las zonas más concurridas de la ciudad. Todo un símbolo del urbanismo de Manhattan. Dos datos que me han llamado la atención:
- El 6 de mayo de 2004, se congregaron miles de personas frente a una pantalla gigante situada en Times Square para contemplar el último episodio de la serie Friends.
- Times Square es actualmente el principal lugar donde se realiza el programa de radio Good Morning America de ABC.
No es necesario que diga mucho sobre ella, ¿verdad?. Este regalo de los franceses a los americanos se encuentra en la isla de la Libertad, al sur de la isla de Manhattan. Tiene una altura total de 46,05 m y la cabeza es un mirador.
4. Central Park
Si hay algo que tengo que ver sí o sí es Central Park. ¡Si es que es precioso! Resulta increíble que en medio de una ciudad con tantos rascacielos esté plantado semejante parque. Tiene una zona perfecta para los runners, el Park Drive. Además está lleno de animales: ardillas, conejos, tortugas, ranas, pájaros...
5. El puente de Brooklyn
BONUS: CENTRAL PERK
Desde hace unos meses estoy viendo la serie de Friends cada noche mientras ceno, y ahora mismo estoy en la mitad de la séptima temporada. Como os podéis imaginar, después de tantos episodios le he cogido un montón de cariño a los actores y a los lugares que aparacen, y hace poco me enteré de que abrieron durante un mes una réplica en una calle de Nueva York (aunque por desgracia ya no está ahí) La verdad que tenía que ser un puntazo tomarte un café en esta mítica cafetería, o hacerte una foto en el mítico sofá de la serie. En fin, cosas que uno no puede hacer por Lugo.
domingo, 14 de febrero de 2016
'So no one told you life was gonna be this way' (-14/02/2016)
Me gustaría poder decir que no estoy perdido.De hecho, quiero creer que estoy más cerca de mí mismo que nunca. Estos días que he pasado tirado en la cama por culpa de la faringitis me han dado bastante tiempo para pensar. ¿En que he pensado? En muchas cosas: en Estados Unidos, en lo que he vivido hasta ahora y en lo que aún me queda por vivir, en el instituto... Como siempre, en estas fantásticas conversaciones que tengo dentro de mi cabeza he tenido una vez más sentimientos encontrados.
Nunca, y os lo digo de verdad, nunca me he sentido más perdido que en estos momentos. Tengo sólo 16 años y ya me gustaría rehacer un cuarto de mi vida. Literalmente, de los años que he estado en el instituto a veces querría cambiar tantas cosas... ¡Pero cuidado! Tampoco me arrepiento de nada de lo que hecho, ni siquiera de las cosas malas de verdad, ni hecho en falta las que no he hecho. Supongo que está todo bien tal y como está. Como suele pasar, lo bueno y malo en una balanza totalmente equilibrada.
Sin embargo, hay una cosa que me diría a mí mismo si volviese cuatro años atrás: la materia que se imparte no es lo más importante. No tiene que ser la piedra angular alrededor de la cual gire todo, porque las cosas más importantes de la vida no las aprenderás leyéndolas en un libro. Al menos, no en un libro de texto.
Lo más importante de esta etapa será todo lo que ocurra en ella: los amigos que ganes, pero también los que pierdas. Los aprobados, sí, pero también los suspensos. Los buenos momentos, y los malos también. Todas esas cosas te moldean, pero al mirar estos cuatro años con perspectiva te das cuenta de que se pasa muy rápido todo.
Ya lo ves, yo ahora me voy y echaré de menos cada uno de estos cuatro cursos, y quiero quedarme con todos, no solo con los que me han gustado. Me gusta darme cuenta de que aquellas personas que parecían un problema al final son sólo pequeños puntitos desperdigados en recuerdos, y que aquella persona que me importaba tanto ya no lo hace ni lo hará nunca más.
(Soy consiente que aún nos quedan 5 meses de curso por delante y además que probablemente volveré a por una última ronda en segundo de bachiller, pero aún así me sentía lo suficientemente nostálgico como para escribir esto.)
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