domingo, 29 de mayo de 2016

Sin tapujos (I): Perder el miedo a enseñar nuestro cuerpo




Después de ver el estupendo vídeo de SumiBunny en el que reflexiona sobre la autoestima y las fotos en ropa interior (el cuál os dejo por aquí), he decidido escribir mi propia opinión sobre este tema, aunque ya os adelanto que coincido con Sumi en casi todos los puntos. 

Me resulta triste pensar en la cantidad de veces que nos negamos a quitarnos la ropa porque tenemos miedo de que nos juzguen. O cuando escucho a alguien decir que no va a la playa porque se avergüenza de los kilos que “le sobran”, el vello corporal que cubre su piel, porque es muy pálido…. Que se niega a llevar unos pantalones cortos porque dejan al descubierto una pequeña marca de nacimiento. O una chica que se siente insegura por el vello facial que cubre sus mejillas. O la persona que simplemente esconde su cuerpo debajo de la ropa porque no lo considera suficientemente “bueno”, “perfecto”, y pierde por ello una tarde de playa con sus amigos o un momento de intimidad con su pareja.

 Por un lado tenemos las presiones sociales que empujan a las chicas hacer dietas restrictivas que van en detrimento de su salud, a arrancarse los pelos del cuerpo a tirones de cera, y a vestir de determinada manera, de forma que no las llamen putas, pero que se considere suficientemente provocativo para no ser consideradas unas monjas.

Por otro lado tenemos también las presiones que empujan a los chicos a matarse en el gimnasio para conseguir músculos, a vestir con la elegancia de un modelo de revista y mantener siempre una actitud arrogante para demostrar su masculinidad, porque claro, no hay nada peor que un chico que no se comporta de la manera que un hombre debería comportarse. O una mujer que se muestra independiente y fuerte.

 En los extremos encontramos a chicas que no se ponen un crop-top porque hay hombres que consideran que eso les da derecho a tener actitudes lascivas hacia ellas, chicos que les gustaría no tener un pelo en el cuerpo pero que no se los quitan por miedo a que los llamen esto o aquello, o gente que sube fotos a las redes sociales sin camiseta y se les critica porque “no tienen un cuerpo para enseñar”

Y en el medio de todo esto estamos nosotros. Las personas que vivimos en esta sociedad. Es fácil a la vez que ingenuo pensar que no nos afectan estas presiones sociales. Que somos inmunes a lo que dicen los demás. Porque si nos paramos en pensar en ellos detenidamente... ¿cuántas veces no nos hemos comprado una prenda que nos gustaba porque la consideramos "poco apropiada" o quizás "demasiado llamativa"? ¿O hemos sentido vergüenza al enseñar nuestro cuerpo en la piscina o en la playa porque todo el mundo parece tener cuerpo de gimnasio y tu sientes cada onza de grasa de tu cuerpo como un defecto horrible, una deformación monstruosa? ¿Como podemos evitar sentir todo esto cuándo recibimos todo el día estímulos que parecen gritar "No vales suficiente"?

Quítate la ropa.

No estoy diciendo que cojas el móvil  y subas un selfie en ropa interior a Instagram (No está mal hacerlo, pero hacerlo sin pensar en las consecuencias tampoco es lo más recomendable.) Observa tu cuerpo delante de un espejo y fíjate en todo: la simetría de tus extremidades, las marcas de tu piel, la forma característica de tu figura... Intenta que tu visión transcienda mas allá de el concepto de belleza actual (el cuál, por cierto, es deformado y retorcido) y observate sin juicios. Y haciendo cosas como esta es, a mi parecer, como se forman las personas del último grupo.

Personas que no tienen miedo de lo que las demás piensen de su cuerpo, que se muestran sin miedo y se visten como quieren. Están en este grupo las chicas a las que no les importan que las llamen "gordas" o "tanques" por la calle porque están seguras que lo que opina ese idiota del coche no tiene importancia. O las que deciden que no tiene sentido seguir depilándose porque lo consideran una tontería. O los chicos que aprenden a abrirse y a decir lo que sienten porque no les importa que expresar sentimientos "no sea masculino". Las mejores personas en esta vida son aquellas que se sienten libres.

Somos una unión de mente, cuerpo y alma. Y todo funciona mejor cuándo cada parte se siente en conexión con las otras.