viernes, 25 de marzo de 2016

'When our momma sang us to sleep but now we're stressed out' (-25/03/2016)

He cambiado mucho en tres meses. De verdad, he hecho cosas que jamás había pensado y he llegado a lugares que nunca pensé que iba a pisar. El problema es que siempre que pienso que me conozco, siempre que pienso “este soy yo”, vuelvo a cambiar, y me vuelvo a perder.

Esta vez fue una persona la que descolocó las cosas. Pero podía haber sido yo sólo. Podía haber sido cualquier otro tipo de cambio. El problema es que aparto a la gente que no quiero de mi vida, pero luego vuelven y los dejo entrar de nuevo. Y me pierdo.

Una semana pienso que lo tengo todo controlado. Hago deporte, como muy sano, estoy feliz y nada ni nadie parece molestarme. Y a la siguiente no duermo, no me apetece levantarme del sofá y me doy atracones de comida basura. Y lo peor es que la mayoría de las veces los demás no son el problema. No, no. Lo peor es que muchas de las veces ni siquiera existe el problema.

Hace cuatro días ocurrió algo que me ha hecho pensar bastante. Resulta que para irme me tengo que vacunar básicamente de TODO. El caso es que ese día no me encontraba muy bien, estaba más nervioso de lo habitual. Nunca le he tenido miedo a las agujas, pero aquel día si lo tuve (aún no sé por qué). Cuándo acabaron de vacunarme y yo ya me disponía a marcharme, noté que algo iba muy mal. Empecé a sentir un hormigueo en los brazos y el corazón se me aceleró tanto que pensé que iba se me iba a parar. La enfermera me preguntó alarmada si iba todo bien, y yo dije que estaba un poco mareado. Y cinco segundos después se me nubló la vista y caí al suelo.

Recuerdo de esos momentos la angustia, el miedo y las ganas de llorar. Recuerdo pensar “No quiero morirme”. Recuerdo arrepentirme de todas las veces que me quejé de algo o que me permití estar triste, porque en ese momento, en ese momento pensé que me iba a morir de verdad. Pensé por un momento que todo había tenido sentido y yo no lo había encontrado.

Recobré en la consciencia en la camilla. Mi padre evitó que cayese y me golpease la cabeza contra el suelo (gracias papá por evitarme una brecha), y con ayuda de un enfermero me habían colocado allí. Los oídos me pitaban de manera infernal y yo estaba llorando porque aun pensaba que iba a morir. Luego me tranquilicé y supe que todo iba a quedarse en un susto.

Más tarde me explicaron que lo que me había pasado se llama reflejo vagal. Básicamente mi sistema vagal había reducido demasiado el ritmo de mi corazón y había perdido la consciencia. Lo preocupante del asunto (al menos para mí, pues nadie le dio demasiado importancia.) es que es provocado por una fuerte emoción. Teniendo en cuenta que me han vuelto a vacunar desde aquellas y sin ningún problema no sé de dónde vino aquel día la emoción fuerte. Solo sé que me llevé el susto de mi vida en aquella habitación de hospital. Solo sé que últimamente tengo demasiados días tristes.